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Proyectos entrelazados

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Proyectos entrelazados

Descripción del Proyecto

Descripción: Un relato enlazando los diferentes proyectos de mis compañeros, bajo el nexo común que encontré entre todos ellos — la infancia

Objetivo: Conseguir dotar a la historia de coherencia, y lograr trasmitir un mensaje.

Público objetivo: Adultos. Bajo la apariencia de libro infantil, se esconde un mensaje que pretende hacer reflexionar sobre cuestiones que ni nos planteamos.

Problemática: Lograr enlazar todos y cada uno de los proyectos.

Solución: Optar por nombrar aquellos que me resultaba imposible añadir de forma desarrollada.

HISTORIA —

1-

Recuerdo con cierta nostalgia cuando era niño, cuando podía fingir sin demasiado esfuerzo un dolor de tripa para no ir a clase, cuando la única responsabilidad que tenía era jugar y divertirme.

Sabía que aunque hiciera algo mal no tendría transcendencia, que siempre tendría a mis padres para protegerme, para apoyarme, para dar la cara por mí.

Pero creces, y sin darte cuenta, y por supuesto, sin querer, olvidas en qué consiste eso de sentirte libre del todo. Eso sumado a los prejuicios que has ido adquiriendo, a los temores más absurdos provocados por eso que llaman sentido del ridículo.

2-

No imagino cómo será eso de ser mayor. Mi padre siempre dice que cuando se crece se pueden hacer muchas cosas que ahora yo no puedo. Suele decir algo de cuando seas padre comerás huevos, o algo así. No sé muy bien qué significa, pero si papá lo dice será porque es verdad. Él siempre usa frases raras para decirme lo que está bien y lo que no. Refranes, creo que se llaman.

Pero yo sólo quiero ser mayor para poder hacer lo que quiera, para ir a donde me apetezca con mis amigos. No quiero ni ser padre ni comer huevos.

3-

Ayer mamá me preguntó qué quería para mi cumpleaños. Me dijo que podía elegir lo que quisiera, pero cuando le dije que un traje para poder volar se echó a reír, y me dijo que vaya tontería, que sólo vuelan los superhéroes.

Entonces me pido ser un superhéroe. Mamá puso cara de enfadada, y  me dijo que eso sólo eran fantasías, que pidiera algo de verdad.

-          Mamá, has dicho que podía pedir lo que quisiera.

-          Ya, cariño, pero he dicho mal. Tienes que pedir algo que podamos regalarte, las fantasías son bonitas, pero sólo son eso, fantasías. Ya aprenderás que la vida no tiene nada que ver con eso.

4-

Al día siguiente, en el recreo, le conté a Carlitos que me había pedido ser un superhéroe, y me dijo que él también se lo pediría para su cumpleaños, que sería guay poder volar, poder hacer todo lo que se quiere, todo lo que se piensa.

-          Pero mi madre me ha dicho que eso es imposible, que son tonterías.

-          Pues la mía dice que nada es imposible, que si algo se desea con mucha fuerza se acaba cumpliendo.

-          ¿Sí? ¡Qué bien!, pues entonces lo voy a pensar mucho, a ver si tu madre tiene razón.

5-

Es maravilloso cuando un niño te devuelve la inocencia, cuando te implica en sus sueños y te reta a conseguirlos, pero si el sueño en cuestión es inalcanzable, te sientes tan defraudado como él, pero con una diferencia, y es que los más pequeños no se rinden nunca, se aferran a lo que creen con unas ganas envidiables. Envidiables para un adulto, claro está.

Supongo que  a medida que maduramos nos volvemos exigentes, que la vida nos obliga, de alguna forma, a permanecer cuerdos. Pero el exceso de cordura puede volvernos locos…

Desechar los primeros instantes de emoción, lo que realmente no hace sentirnos vivos, por cosas más tangibles, más reales, pero también más aburridas. 

Volvernos expertos en algo y perder la esencia. Creernos expertos en algo y no permitir sorprendernos, ni sorprender.

6-

Las ganas de Mario por volar fueron superiores a los razonamientos adultos.

No entendía por qué se ponen límites a los deseos. Por qué se cohíbe a la imaginación, por qué se acota la vida. La vida en el sentido de sentirse vivo, no de vivir, que son cosas diferentes. Tampoco comprendía por qué cuando uno se hace mayor deja de luchar por lo que quiere, se conforma, y además, se queja por ello. 

7- Cuando mamá vino a despertarme, ya llevaba un rato dando vueltas. Estaba muy nervioso, había pensado mucho en mi traje para volar, y confiaba en que la madre de Carlitos tuviera razón.

Pero no la tuvo. Se equivocó, y mucho. Me regalaron una cabaña para el jardín, como las que salen en los Playmobil. Papá dijo que así podría guardar la bici, y todo lo que me encanta coger de la calle pero que mis padres no quieren que suba a casa.

Bueno, dentro de la cabaña había una bolsita de chucherías, pero aún así, yo quería el traje para volar.

8-

Estoy preocupada por el niño. Desde que se le metió la idea del traje en la cabeza no para de darle vueltas. No sé cómo más decirle que se olvide de esas cosas, que las fantasías son sólo eso.

Debo admitir que soñar es precioso, pero no puedo permitir que mi hijo se aferre a ese tipo de cosas.

9-

Los mayores no tienen ni idea. Se creen que lo saben todo, y no saben nada. Siempre con sus dobles sentidos, sus frases a modo de sentencia, y la razón absoluta.

Sigo sin entender por qué mamá se enfada cada vez que le hablo de lo que pedí para mi cumple y no me regalaron. A veces cree que se me ha olvidado, otras que es un antojo, que se me pasará. Y creo que se equivoca…

10-

Hoy ha venido Carlitos a jugar con Mario. Se han pasado toda la tarde en la cabaña, y cuando he salido a llevarles la merienda me los he encontrado con todo el jersey lleno de chucherías.

Según me ha dicho Carlitos, han pensado que así quizá podrían volar, pero enseguida Mario le ha dicho que no me contara nada, que para mí eso son tonterías.

Me preocupa que mi propio hijo piense eso, que pueda herirle lo que trato de hacer por su bien.

Ay, estas criaturas, cuánto les queda por aprender.

11-

Al final las chucherías no nos sirvieron. Y además, Carlitos se hizo daño en el pie, porque saltó de la mesa para ver si su teoría era cierta. Tendremos que seguir intentándolo.

Ah, se me olvidaba, hoy al volver del cole me he encontrado una caja muy bonita, y aunque mamá no quería, la he convencido para poder llevármela. La he abierto en la cabaña, y llevaba una carta, y un papel donde ponía: tú escribes tu propia historia.

Papá me ha dicho que significa que tú puedes conseguir lo que quieras y ser quien quieras,  así que igual la madre de Carlitos tenía razón con lo del vestido, y yo no lo deseé lo suficiente.

12-

Quizá Mario tenga razón. Quizá los adultos nos equivoquemos con las piezas del puzle. Quizá las adornemos para obviar lo que son en realidad.

Ellos, sin embargo, viven felices, sin saber que en unos años, ya no podrán jugar al hula-hoop, ni a las muñecas.

13-

Nunca se es lo demasiado mayor para dejar de jugar. Para dejar de soñar. Para dejar de creer en las fantasías. Hay gente que sonríe siempre, pase lo que pase. Que conserva el espíritu infantil, el tesón para no rendirse. Gente que aún consciente de que los superhéroes no existen, no dejan de buscarlos. Porque al final, lo que se desea con mucha fuerza, se cumple.

Docs

URL Proyecto: http://efectomariposa.iednetwork.com/2010/05/24/resultado-2/

Participantes

Member avatar
aliciamirandalazaro
Beatriz Cortés

Tutor

nachomartn

Profesor

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Colaboradores:
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